Acerca de nuestra fundadora

Nacida en un núcleo familiar donde el amor, el respeto y la educación, acompañado del ejemplo de su padre quién siendo Ingeniero Agrónomo se dedicaba a la ayuda de la población campesina, Fabiola Cortés ha tenido desde su infancia unas ganas inmensas de ayudar a quienes más lo necesitan. 

Su padre siempre le recalcaba “Acuérdese que el rico tiene mucha papa y el pobre no tiene nada, uno siempre debe estar al lado de los pobres”. Palabras que hoy en día siguen presentes en cada paso que da para beneficio de los niños de escasos recursos. 

Su secundaria la hizo en el Colegio Mayor de Bogotá, siempre destacada por su buen comportamiento y sus calificaciones. Se casó a la edad de 16 años y tuvo tres hijos. Al empezar su hijo mayor el bachillerato decide comenzar con sus estudios profesionales. 

Egresada en 1978 de Licenciatura en Bibliotecología y Archivista de la Universidad de la Salle, esta mujer de 75 años y con su espíritu de servicio hacia la comunidad, deseaba desde su profesión poder de alguna manera ayudar a los demás. Por tal motivo y de forma voluntaria comenzó a hacer bibliotecas de buen nivel dentro de las cárceles de Bogotá y aledaños para poderles brindar a los reclusos conocimiento, motivación y hacer que por medio de un libro pudieran tener sueños y anhelos. Se convirtió en la única mujer en hacer una actividad de estas en todo el país. 

Fue directora de la Biblioteca de la Universidad Antonio Nariño, puesto que ejercía en las tardes mientras en las mañanas se dedicaba a su labor en los centros penitenciales. Dejando los centros carcelarios con bibliotecas dotadas de buena literatura y excelente infraestructura, esta bibliotecóloga es nombrada directora general de todas las bibliotecas de la Universidad Antonio Nariño en el país. 

Tras su salida del país por razones laborales de su esposo, Fabiola terminó ayudando en Brasil en la construcción de un orfanato para niños que vivían en la calle y estaban en situaciones precarias. 

Radicada en Colombia, y tras el deseo de su hijo de hacer una fundación, decide en el año 2001 embarcarse en esta labor que ya lleva 18 años y la cual hasta el momento le ha dado luz, amor y alegría a los 80 niños que en este momento cuentan con el apoyo de la fundación. Fabiola Cortés busca cada día poder ayudar a más niños porque ellos son la salida para un mejor país, son nuestro futuro.

Inicios

En 1989, debido al trabajo de su esposo, Fabiola Cortés tuvo que trasladarse a Brasil donde trabajó en un orfanato que albergaba a niños de la calle con condiciones precarias e inestables. Gracias a la ayuda del cuerpo diplomático de Brasilia, pudo realizar diferentes actividades las cuales le ayudaron a conseguir el dinero suficiente para construir una casa muy aceptable y bonita para las niñas del Padre Cícero. Fueron tres años de continuo trabajo en la que vivió una experiencia maravillosa de poder ayudar a niños de escasos recursos.  

En su regreso a Colombia, le surgió la idea de hacer una fundación junto a su hijo Jaime Arturo Ramírez, quien tenía la incertidumbre de si hacerlo para niños o para adultos mayores, a lo cual Fabiola le expresó que quería realizarla para niños ya que si podían cambiarles la vida a ellos, seguramente estarían cambiándole la vida a este país.  

Tomado el rumbo que querían darle a la Fundación Ayuda por Colombia, se pusieron en la tarea de visitar diferentes barrios de Bogotá. Gracias a un señor que conocía al presidente de la Junta de Acción Comunal, pudieron llegar al barrio La Estrellita (barrio dentro de la zona El Codito). Fueron momentos difíciles ya que es un barrio peligroso donde la policía no dejaba entrar a las personas, pero gracias a que Fabiola conocía a Luis Enrique Bustos (presidente de la Junta de Acción Comunal) pudieron ingresar y hacer entrevistas puerta a puerta a las madres y niños de esta zona de Bogotá. Fue allí donde Fabiola reiteró que debían hacer una fundación enfocada en los niños de esta población para poderles brindar espacios de conocimiento y felicidad ya que el panorama que se llevó fue desbastador al ver el maltrato que se evidenciaba en los hogares.  

Después de ver como las madres se iban a trabajar y dejaban a sus hijos encerrados, Fabiola y su hijo se pusieron a gestionar todo para poder abrir la fundación. Dicho trabajo empezó a realizarse en 2001, pero debido a la cantidad de documentación que solicitaba el Estado fue posible inaugurarla el 22 de abril de 2002 en la casa de acción comunal con 30 niños. Fue un trabajo arduo porque tuvieron que adaptar el espacio para poder recibir a los niños y que no estuvieran en malas condiciones. Para poder adecuarlo, tuvieron que conseguir fondos haciendo una copa de champaña en las instalaciones de Uniandinos. Fue una experiencia maravillosa porque cada niño que llegaba tenía una historia supremamente dolorosa, pero al llegar a la fundación se veía el progreso y la felicidad en sus rostros. Además esto contribuyó a que los niños no estuvieran solos, casos que hacían que las pandillas los reclutaran.

Primeros años

Gracias a una ayuda de una empresa petrolera, el número de niños aumentó a 55. Pasados ocho años de haber iniciado la fundación y debido al incremento, tuvieron que mudarse al barrio Buena vista (barrio dentro de la zona El Codito) donde contaban ya con un lugar más amplio para albergar más menores. 

Fabiola y su hijo se dedicaron a generar espacios no solo académicos sino también donde los niños pudieran desarrollar diferentes habilidades, es por esto que en la fundación se hacían clases de Yoga, ya que estaba comprobado que esto ayudaba a bajarles la agresividad a los niños. 

Presente

Hoy en día, la fundación cuenta con una Escuela de Música donde los niños aprenden a tocar el violín, la flauta, percusión y teclado. Además, cuentan con clases de informática dirigidas a la comprensión lectora y a matemáticas, una licenciada en educación preescolar y una licenciada en educación que ayuda a los niños a fortalecerse en los conocimientos adquiridos en el colegio. Sin contar el apoyo nutricional, psicológico, y académico que también brindamos.

Gracias a esta responsabilidad que Fabiola ha decidido adquirir, ella diariamente toca puertas y visita empresas con el fin de exponerles lo que en la Fundación se hace, los invita a que la conozcan y así busca una ayuda para poder tener los recursos necesarios para asegurar la educación de nuestros niños, niñas y jóvenes.

 

Fabiola Cortés busca cada día poder ayudar a más pequeños y hacer que esa sonrisa de sus rostros no desaparezca. Les enseña una salida a través del estudio, demostrándoles que el mejor camino en la vida es ser un profesional.

"Amor y futuro para nuestros niños"